MIEDOS

Bien sabido es que el ser humano nace con miedo, crece con miedo y vive con idem. Esto es así y por mucho que nos digan los libros de auto-ayuda que nos tenemos que liberar, lo cierto es que como muchas otras cosas, esto es inherente a la persona. Bien es verdad que miedo da pensar en el miedo y por eso cuando nos llega el yuyu pasamos deprisa a otra cosa mariposa, costumbre saludable por otro lado.

Una cosa está clara: los miedos crecen con la edad, como los problemas. DE pequeños son temores que nos parecen enormes, pero los verdaderos monstruos al hacecho son los que nos asaltan a partir de los 40, y no digamos a los 50… Y creo que es porque nos tocan donde más nos duelen. Tememos por los hijos que están en edades peligrosas, por si falta el trabajo tuyo o de los tuyos y también por la salud porque es la hora en que el trío de monstruos hace su aparición: Alzheimer, infarto y cáncer.

Vivimos con miedos, con grandes miedos y aprendemos a vivir con ellos, a soslayarlos, no queda otra. La parte buena es que a medida que cumples años te vas sintiendo como una superviviente.

Antes,  cuando oía a los ancianos que a nada que empezaban a hablar ya soltaban la edad que tenían, pensaba que era extraño porque yo no querría pensar en ello, pero ahora les comprendo perfectamente, es un gustazo decirle a la vida (o a la muerte) “mira tú, he superado muchos de tus males, otros los he sabido torear sin que me rozasen siquiera y también he tenido suerte en no estar próxima cuando andabas buscando una víctima para inmolar, ¡ jódete y que me quiten lo bailao!”.

ESTO ES UN INFIERNO!

El infierno en la Tierra está en menos sitios de los que creemos. No se encuentra en un trabajo odioso, ni en una familia desestructurada, ni siquiera en una enfermedad física grave. Está en algunos lugares de Africa, está en las guerras, está en la enfermedad de los que saben que van a morir pronto, también está en la locura mala, esa que en vez de hacerte más tontamente feliz, te desquicia. Otro tipo de tortura es el aburrimiento extremo o una soledad impuesta acompañada de muchos kilos de decepciòn maternal o paternal, por eso el infierno está, casi siempre, en las residencias de ancianos.
Y digo casi siempre porque hay algunos ancianos que son felices allí. O al menos están conformes y resignados con ese tipo de vida. Suelen ser los que han ido por propia voluntad. En mi opinión, salvo excepciones, la única manera en la que se tendria que ir allí. Una de esas excepciones son los que viven una bendita e inconsciente vida vegetativa causada por el Alzeimer de último grado o algún tipo de demencia senil pacífica y silenciosa, o bien los que necesitan contínuos controles médicos. En estos casos sí soy partidaria de que haya lugares donde se les cuide como deben puesto que las personas tan dependientes causan graves problemas familiares y ellos van a notar poco la diferencia.
Creedme, sé de lo que hablo. He tenido que vivir estas experiencias. Primero he cuidado a un familiar, luego le he visitado y actualmente trabajo ayudando a cuidar a una señora con Alzeimer.
Pero en lo que me quiero centrar es en las residencias. Quiero que reflexionemos y que nos pongamos en el lugar del anciano. Realmente merece una persona los últimos años de su vida estar en la cárcel?. Pues eso es la residencia para muchos de ellos. Un lugar de soledad, de sacarte poco a que te de el aire. Un sitio donde estás bien seguro que vas a cumplir cadena perpetua. Y luego está el ambiente….
El ambiente de una residencia es para morirse. Pero para morirse de asco. Y nadie que visite un centro de estos puede decir lo contrario. Yo antes pensaba que estarían bien, que eran un mal necesario y todo eso. Entonces me tocó visitar a familiares allí. SE puede decir de todo, hasta que algunas son buenas, pero muy, muy pocos, dirán que es un sitio tranquilo y alegre. Dios mio, la mayoría son el infierno. Y ya no por el personal, la organización o los edificios. Sobre todo por la tristeza. Si la vejez es triste por la enfermedad, por la soledad, imaginaros docenas de personas que vivan en comunidad en estas condiciones. El ambiente es deprimente y cuanto más lo respiran más deprimidos se ponen. Lo que ya es para salir de allí huyendo es cuando ves a los que les falla la cabeza. Ahí hay una música de fondo dantesca. La de los locos, la de las locas. Gente que se pasa el día llamando a gritos, pidiendo a gritos, llorando a gritos. Y luego esas almas que vagan por los pasillos reclamando tu atención, ancianos y no ancianos retrasados cuyos padres ya han muerto y no tenían otro sitio donde ir porque la sociedad no ha pensado en ellos.
Bueno, pues si a esto añadimos una serie de jodiendas como que por lo menos la mitad no tiene las visitas que deberían tener, que muchos no oyen bien,otros no andan, otros tienen dolores, que no tienen facultades para hacer cosas con lo cual el aburrimiento campa a sus anchas con su inseparable dosis de desesperación, que el amante que nunca nos falla cuando somos más jóvenes que es la comida, nos abandona transformando el placer de comer en un “quiero y no puedo”, y que tienes que convivir con gente a la que no gustas ni ellos te gustan a ti, pues se comprenderá por qué pido que pensemos bien a quien le estamos haciendo esto. ES tu madre. Es tu padre. Casi siempre hay otras soluciones si queremos de verdad su bien. Elllos no te mandaron a vivir a una guardería cuando eras un niño, si viniste por sorpresa en seguida tuvieron sitio para ti, ¿ por qué ahora les desterramos al peor de los destinos?
Sólo pido que antes de hacerlo veáis ese ambiente, visitéis ese lugar hasta conocerlo. Luego ya depende de lo que la persona esté hecha.De acuerdo, sé que algunos padres no han sido buenos, han sido muy egoistas y se merecen acabar en un sitio así, pero creedme, creo que serán muy pocos, en todo caso yo les pondría unos cuantos meses de condena, pero aqui se trata del resto de tu vida, son en la mayoria de los casos unos buenos padres, unas buenas personas, no son desechos humanos, son los seres que más te han querido y te querrán en la vida, no les pagues así.