Un sueño de reencuentro

Esta noche he soñado que estaba con mi familia. Mi primera familia. 

Estaba con mis padres y mis hermanos. Estábamos felices porque todo habia sido un error, nadie faltaba, un malentendido….Estábamos los cinco. Ahora quedamos dos. Mi hermano y yo.

Nada particular, lo que tiene la vida y el perdurar. Los padres que se hacen mayores y desaparecen, una hermana de enfermedad repentina…..Más o menos lo normal de todas las personas.

Pero yo aún soy joven. O me siento jóven. Tengo 52 años y todavía puedo permitirme el lujo de sentirme por dentro como una de 30. Y nuevos seres queridos han venido a permanecer conmigo.

Esta mañana, cuando me desperté, en ese rato en que evocamos lo que acabamos de soñar,  en que todavia nos empaña el espíritu del sueño, en que volvemos a nuestra realidad, pensé en todas aquellas personas muy mayores que tienen sueños parecidos.

Pensé que cruel debería ser para ellos. Volver a estar con todos los que les falta. Volver a ser joven. Volver a sentirse útiles, personas si no de primera categoría, de segunda, pero personas válidas, no barcos sin rumbo, sin futuro, sin apenas esperanza y quien sabe si con un cargamento de amargura y desengaño.

Pensé que sería  la ironía final. El desenlace de una comedia ácida e hiriente: “¡¡¡VUELVE A TU MISERIA DESPOJO!!!, ¿CREÍAS QUE IBAS A TENER OTRA OPORTUNIDAD?….y sonaría un “JA JA JA” triunfal y de ultratumba.

Pensé que era demasiado. 

Y vi otra oportunidad para cargar contra esta vida que nos hace el final tan amargo casi siempre. Como un vaso de medicina que tomamos a gusto con agua y a lo primero nos sabe dulce y nos sacia la sed pero que al final nos obliga a apurar el vaso ingiriendo lo más amargo del producto.

Pero, quizá pensando en el vaso, me di cuenta de que quizá estaría viendo “la botella medio  vacía”. ¿Por qué no verlo al revés?. ¿Por qué no contemplar estos sueños como remansos idílicos?, ¿como el lugar en el que en otra dimensión nos podemos reencontrar con nuestros seres queridos sin despertar sospechas?, o sea, sin que “·el plan divino” y la fe que se supone debemos  tener sin ver, resulten perjudicadas?

He decidido tomármelo así. He decidido juzgarlo como algo agridulce pero al fin y al cabo un milagro en el que volvemos a estar con los que queremos y no vemos ya a nuestro lado.