De cambios y compromisos

Está claro que el modelo de relaciones afectivas de pareja está cambiando de un modo muy rápido, como tantas otras costumbres y modos de vida que han perdurado hasta finales del siglo xx. Se diría que hemos dado un acelerón repentino, un turbo  que nos ha disparado a la estratosfera.

Pues sí, las costumbres del mundo han cambiado radicalmente en estas ultimas décadas y si ya hablé en una entrada anterior de todos los cambios que los inventos del siglo pasado y de éste han visto los ojos de los ancianos, ahora hablaré de esas costumbres que también han caducado, sobre todo de algunas de ellas inamovibles durante muchos siglos.

Y de esas hasta podemos hablar los que rondamos la cincuentena. Porque en cincuenta años el mundo de las relaciones de pareja ha cambiado muchisimo.

Antes en la adolescencia o en la juventud te echabas novio, dejabas a las amigas, pasaban unos pocos y castos años y te casabas. Si tenias trabajo lo dejabas cuando llegaba el primer hijo. Punto y final de la historia. O principio porque luego tenías a la nueva generación, envejecías con el chico que estabas desde los  I8 años y ya tá. Todo muy ordenado, encarrilado, oportuno para la especie humana………y terriblemente aburrido. Bueno, quizá esa percepción sólo la tenemos los que hemos avanzado un poco tambien con las costumbres.

Ahora es otro cantar. En primer lugar los niños y las niñas se relacionan desde los dos años. Cuando llegan a la adolescencia siguen relacionandose en pandillas, tienen un aprendizaje de tres kikis o más antes del novio digamosss…..definitivo y luego y hasta los treintaytantos, se divierten con sus amistades y con el novio a la vez. Huy hasta suena a “menage a trois” y todo jajajjaa. SEgun pasan los años están más con el novio pero porque los gustos diferentes al final separan y es más comodo ponerse de acuerdo con una persona, sobre todo si es tu pareja que con un número mayor de individuos.

Bien sea por lo cara que está la vida o por comodidad, eterna discusión por otra parte, pues se casan o se juntan cuando ellas ya tienen sobrepeso y ellos una más que incipiente calvicie.

Las cosas están que arden en el apartado “hacer entre los dos las tareas del hogar”, eso añadido a las tensiones del trabajo de fuera, el de dentro y el de los hijos que hay que ir cuidando al mismo tiempo, genera un turbio caldo de cultivo  que añadir a la convivencia ya de por sí complicada. Asique ya nadie se casa o se junta con la seguridad de que va a morir con su primer amor. Tienen que saltar muchos obstáculos para ello y muchas relaciones se quedan por el camino.

Por otra parte, eso en cuanto a las que se compromenten para juntarse y vivir juntos para siempre, hay una buena parte que no quiere compromisos.

Se creen muy listos y liberales, a ellos no les va el rollo de las ataduras, quieren ser libres, por lo menos en este apartado. Asique van postergando la edad de elegir al compañero/a de tu vida y llegan a la madurez dándose cuenta al final de que todo requiere de un compromiso. Lastima que entonces ya sea demasiado tarde para algunas obligaciones que les hubiera encantado adquirir en la juventud.

Efectivamente, en la madurez te das cuenta de que todo se ha conseguido a base de comprometerse. Las cosas no salen adelante si no es así. Las raices no arraigan si no se ponen con firmeza y estabilidad.

Pongamos por ejemplo a una pareja: Se conoce, se gusta pero ambos o uno de los dos odia el compromiso. Eso da pie a que todo esté en el aire. A que no haya seguridad, sobre todo afectiva. ¿Como vas a entregar tu corazón a alquien que no sabes si lo va a guardar o te lo va a perder por negligencia?. Uno no se entrega a quien sabe que puede ser de paso. No se arriesga a trabajar por la relación y porque todo salga bien sabiendo que no hay el mismo empeño por el otro lado.  Porque si ya hay que tener paciencia y constancia para llevar una relación comprometida, imaginad lo contrario.

Voy a ir más lejos y a decir que sin compromiso ni siquiera el amor puede surgir, y si surge, Dios ampare a ese ser temeroso de perder a ese amor apático y egoista, siempre inmaduro, siempre deseando que no pase la novedad, lo emocionante y si no….pasar página. Me imagino a ese alma enamorada y comprometida tratando siempre de no aburrir, de no decepcionar, de no envejecer, de no cansar.

Pues lo dicho. Así no se hacen las cosas. El compromiso tiene que existir. Me imagino que compromiso vendrá de “con promesa”, todos hacemos promesas ya sea con la mirada, los actos o la conducta, pero comprometerse es prometerse, prometer que se hará todo lo posible por no tirar la toalla, lo malo es que ahora que se puede elegir, tarde uno tanto en darse cuenta.

En otra entrada seguiré con los cambios en las parejas porque el tema es muy amplio y habrá que dosificarlo.

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2 comentarios

  1. jarri said,

    24 agosto, 2010 a 8:57

    Lo del no compromiso es lógico en la sociedad en la q vivimos. Hoy se disfruta de las ventajas de tener pareja (sexo, compañía, diversión) sin necesidad de atarse a nadie. Se tienen amig@s con los cuales se hace todo eso. De hecho ya está la figura del follamig@, te desahogas y pasas un buen rato y tú a tu casa y yo a la mía. Casi mejor dicho, tú a la casa de tus padres y yo a la de los míos. Pensión completa gratis y “ambiente familiar”.
    ¡¡ Q más puedes pedir!!.

  2. tanitt said,

    24 agosto, 2010 a 14:19

    Jajajajaja, sí, de hecho yo creo que no sólo los funcionarios no creen en una vida mejor como dice el chiste, los jóvenes en este plan tambien jajajajaja.


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